Respeto al medio ambiente y escalada

La masificación en la escalada y el escaso respeto que tienen a veces los escaladores por el medio donde se practica está empezando a tener consecuencias de prohibiciones y regulaciones por todo el mundo. Cientos de personas hacen uso de coches para ir por carreteras estrechas y precarias a zonas naturales de las montañas para aglomerarse al pie de los muros de roca. Gritos, mierdas, cleenex, coches mal aparcados, y sobre todo muchas, muchas colillas. Las zonas de los bloques que frecuentamos en La Pedriza son el mejor ejemplo de boulder-letrina.

Pero la suciedad y el pisoteo no son los únicos problemas, y casi ninguno nos lo planteamos:

Afecta a todo tipo de aves que nidifican en paredes: buitres, avión roquero, vencejos, y también murciélagos. También hemos encontrado también problemas con flora rupícola amenazada, como el caso de Petrocoptis guarensis en Alquézar, donde algunas de esas duras vías de deportiva pasan directamente por las poblaciones. Me quedo con el caso del año pasado de mi sitio, La Pedri, donde para equipar una nueva vía (ya desequipada), talaron ni más ni menos que un acebo. La vía la han desequipado los forestales, tal y como harán con otras vías que afecten a la nidificación de los buitres, según el PORN del Parque Nacional de las cumbres de Guadarrama.

La presión de tanta gente sobre el entorno y los malos comportamientos han motivado el cierre de muchas escuelas de escalada como el Barranco del Fin del Mundo, o algunos desequipamientos en La Pedri. Me da la sensación de que la masa se deja llevar por el estupor y la ira, como en el mencionado caso del romperrocas. “Qué cojones hacen esas plantas en la zona de escalada”, preguntan. Lo mismo preguntaban por la prohibición temporal de Patones. “Estábamos antes que ese bicho”, aludiendo a las aves que nidifican. Así que los carteles han aparecido arrancado o saboteados.

Me encanta escalar, pero antes que yo, está el entorno, su biodiversidad y el respeto. Parece que debo de ser de los pocos que lo antepone. Hasta en el lenguaje de los medios especializados se ha adoptado como mantra “regular sí, prohibir no”. La regulación a toda costa no es posible siempre, ni mucho menos. Si es necesario prohibir, que se prohiba.