La visita de APIA al Parque Nacional de Guadarrama.

A principios del mes de octubre de 2013 la web de APIA nos dejaba la crónica de la visita que el recién creado Parque Nacional del Guadarrama les había organizado. Acudieron, según veo en las fotos, periodistas referentes del medio ambiente y de la ciencia: la enorme Rosa María Tristán, Eduardo Viñuales como autor de la crónica, acompañados por Basilio Rada, Director de Parques Nacionales y Eduardo Martínez de Pisón, la figura más visible de la gestación de este Parque Nacional.

Escribo este post porque considerando el inmenso valor de APIA y lo que han venido aportando, me parece impensable una visión tan idílica y complaciente ni de la visita, ni de la visión del parque ni de las personas que les acompañaron. Aquí, mi respuesta a APIA.

Queridos y queridas periodistas ambientales, os habéis hecho eco de múltiples denuncias ambientales de sociedades científicas y ambientalistas, y habéis sido la mejor organización de comunicación para informar a la sociedad civil en materia de medio ambiente. Lo siento, pero una narración de APIA en relación a lo que está pasando en un “Parque Nacional” como este tiene que dar lugar a otro tipo de narraciones mucho más críticas.

El proceso

Una broma pesada

Martínez de Pisón es una referencia en el mundo académico (personal de la Autónoma de Madrid) y un clásico Guadarramista. Pisón acompañó la excursión de los periodistas como buen conocedor de estas cumbres. Junto a él, el Director de Parques Nacionales, Basilio Rada, al que trincaron cazando con los señoritos en el Parque Nacional de Cabañeros.

Señor Pisón, ¿qué carajo fue lo que pasó en el diseño del Parque? A un espacio protegido que desprecia el Pinar de los Belgas, La Pedriza del Manzanares o Valsaín, o que ha intentado subordinar la conservación de las cumbres al puto esquí. Que alguien me explique qué ido pasando a lo largo del tiempo con los límites del Parque y quién ha diseñado estos límites finales por favor.

El propósito

Yo creía que la figura de Parque Nacional se proponía para darle la mayor protección a un entorno. Vamos a ver, en un mundo donde para asegurar cierta calidad de vida necesitamos depredar cuanta más tierra mejor, proteger íntegramente una zona significa renunciar a explotar esos recursos naturales. No cultivamos, no deforestamos, no esquiamos, o no escalamos. Si podemos, disfrutamos, y si no, a casa. Por eso priorizamos áreas de protección en función de criterios de representatividad de los ecosistemas o valor biológico o ecosistémico. Parece que muchos  lo han entendido al revés. Y entienden un Parque Nacional como un reclamo para el turismo, para que la gente acuda a tirarse bolas de nieve, o para construirse un chalet con vistas. Y cuando no queremos la protección integral o no (les) interesa, para eso están otras figuras, como la socorrida de los Parques Naturales.  Pero no llaméis Parque Nacional a algo que no lo es.

APIA y los teletubbies

Le colgaron a APIA en el post un acertado comentario donde decían que solo faltaban los teletubbies en su excursión. Es verdad. ¿Dónde ha quedado el sentido crítico a todo lo que ha pasado en la Sierra de Guadarrama y los atentados ambientales que sufre día sí, día no? Tenemos unas fantásticas lagunas glaciares a los pies de Peñalara pero hemos destrozado el nacimiento del Manzanares, el Alto de las Guarramillas es una romería, el puto esquí acecha en las crestas… Lo que está pasando con las espacios naturales y menos urbanizados en la Comunidad de Madrid, no es, ni mucho menos, de recibo. Yo quiero que se visibilicen los destrozos ambientales que se perpretan, y no acepto una visión idílica de algo que no lo es. ¿o sí?

Les propongo una visita alternativa: pásense ustedes por La Pedriza un sábado de Julio. La Pedriza es una zona geológicamente singular, Reserva de la Biosfera, que alberga entre otras cosas importantes poblaciones de algunas plantas bulbosas, buitre negro, Erysimum penyalarense en algunos rincones de las cumbres. Tiene un paisaje alucinante y alberga el curso alto del río Manzanares.

Queridos amigos de APIA, empiecen la visita en la cola de la barrera, donde suele haber unos 100 coches de media esperando para entrar con el motor encendido durante toda la mañana. Recorrerán ustedes con poca compañía el sendero de Quebrantaherraduras hasta Canto Cochino. Digo poca compañía porque poca gente se molesta en caminar cuarenta minutos y dejar el coche fuera, sobre todo porque las neveras repletas de cerveza pesan. No hemos venido nada más que a sentarnos, chapotear y beber. Una vez en Canto Cochino comprueben la legalidad de los chirniguitos que hay, y la dudosa ética de la mayoría de los charquistas que colonizan las pozas del Manzanares. Ya no es un río, lo han convertido en un aquapark. Dense una vuelta para ver la erosión de las mountain bike y su free ride descontrolado sobre caminos y pistas, la cantidad de mierda que hay, el nivel de ruido, radiocassettes, residuos en el río… ¡Sí, hablamos de un Parque Nacional!

¿Soy el único que se resiste órganicamente a calificar esto de Parque Nacional?

Biodiversidad privatizada

Cuando es el turno de hablar de qué entendemos por “privatización de la biodiversidad”, la primera idea que se puede tener en cuenta es pensar en este proceso como el siguiente paso de la privatización de lo poco que nos quedaba. La realidad es distinta: el patrimonio natural ya estaba en manos de fenicios en muchas de sus facetas hace mucho tiempo. Ahora, solo queda privatizar y comerciar con la parte más intangible de la naturaleza y los ecosistemas, pero el asalto ya ha comenzado.

Espacios privatizados.

Por desgracia disponemos ya de numerosos ejemplos de cómo nuestro medio natural ha sido comprado y hemos comerciado con él: desde los numerosos ejemplos locales de privatización de un bien natural como es el agua a las iniciativas que a nivel internacional se han puesto en marcha, auspiciadas por diferentes foros internacionales.

A nivel nacional, nos hemos encontrado recientemente con varias ventas de montes públicos. En Castilla la Mancha, el Gobierno de Cospedal puso a la venta en febrero de 2013 alrededor de 57 montes públicos, que suponían vender áreas incluidas en espacios naturales protegidos. Recientemente el Estado ha puesto a la venta la gigantesca finca de La Almoraima. Este espacio está dentro de uno de las áreas de mayor importancia ecológica en Andalucía , en parte dentro del Parque Natural de los Alcornocales que también es parte de la Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo.

La modificación de la Ley de Montes está ofreciendo otra serie de amenazas. A los recurrentes cierres de caminos por parte de propietarios de fincas, el Gobierno central planea ahora permitir el cierre de espacios públicos en el campo para el uso exclusivo de cazadores para la celebración de batidas y monterías, cumpliendo así con las presiones del lobby cinegético. La Comunidad de Madrid por su parte restringirá en 2014 mediante la Ley de Medidas Fiscales y Administrativas el acceso a numerosos caminos públicos.

Poniendo precio a la naturaleza

Pero quizá lo más alarmante es la incipiente tendencia en los mecanismos y procesos internacionales de privatizar la naturaleza. La biodiversidad en todos sus niveles (genético, específico y ecosistémico) ofrece una serie de beneficios de los cuales nos aprovechamos directamente como sociedad: polinización y alimentos, recursos naturales, purificación de agua y aira, bienes culturales, usos recreativos… No se trata de bienes fácilmente tangibles y no es fácil medir su impacto económico según este sistema por lo que se presentan como externalidades al sistema económico. La respuesta a la pregunta de cuál es el precio que tienen los ecosistemas es por tanto el nudo gordiano cuando el objeto es dar un paso más y privatizar cosas que no tienen un valor monetario. No solo por ser intangibles, sino por su extremo valor. Algunos elementos pueden ser más fácilmente tasables atendiendo por ejemplo a lo que un usuario pagaría por entrar a un determinado espacio natural protegido de alto valor paisajístico, pero otras cuestiones son si cabe más difíciles: ¿qué valor puede tener el mantener el suelo fértil a través de la actividad de invertebrados y microorganismos descomponedores? ¿o los polinizadores que permiten mantener la producción en gran parte de los cultivos? ¿es el dinero ahorrado en sanidad el precio que podemos pagar por la depuración del aire que ejercen los bosques, o es que acaso el 21% de oxígeno que se mantiene en la atmósfera gracias en gran medida a las algas marinas puede llegar a tener precio?. Ante el impacto negativo que el deterioro ambiental supone para la economía, estas preguntas empiezan a cobrar sentido para muchas entidades, como aseguradoras o bancos.

Sin embargo hay varios frentes y metodologías abiertas que pretenden poner precio a la biodiversidad. El más conocido de ellos es la iniciativa TEEB (The Economics of Ecosystems and Biodiversity), iniciada por los ministros del G8 en 2007 y apoyada por entidades como la Comisión Europea, y que pretende una aproximación ambiciosa a todos los ámbitos relacionados con la economía y la biodiversidad.

Especies invasoras

Las especies exóticas invasoras constituyen otro buen ejemplo de proceso de privatización. En este caso, la gestión de las mismas en manos de intereses privados. Cuando España partía de un buen Atlas de Invasoras de la Península elaborado con rigor científico y los datos en la mano, el resultado del proceso del Real Decreto que legisla sobre un catálogo nacional de especies invasoras es francamente deficiente. El catálogo inicial fue rechazado por algunas comunidades autónomas bajo la presión de lobbies de pescadores y de la industria agrícola que tenía intereses en el uso y promoción de plantas invasoras para agrocombustibles.

La privatización llega a Naciones Unidas.

En octubre de 2012 en la ciudad india de Hyderabad tuvo lugar la undécima Conferencia de las Partes (COP11) del Convenio de Diversidad Biológica (CDB) de Naciones Unidas, que contó con la presencia de Ecologisas en Acción. Las decisiones finales daban la bienvenida y no solo a la inversión privada para la financiación de la lucha contra la destrucción de la biodiversidad, sino que admitía fuentes especulativas como fuentes para la financiación, como si se pudiera especular en bolsa. Las decisiones tuvieron lugar solamente tres meses después de la cumbre de Río+20, donde se consumó un proceso de mercantilización global del medio ambiente escondido tras el concepto de Economía Verde[4] .

Además durante esa cumbre, el CDB claudicó y dejó en manos de la UNFCCC, que está tomada por el sector privado, cualquier elemento relacionado con el mecanismo REDD+, una de las herramientas más ambiciosas para la explotación forestal y que supone una seria amenaza a los bosques de todo el planeta. Ahora todas las salvaguardas ambientales a los proyectos REDD impuestas por el CDB,, que nunca fueron muchas quedan a merced de un convenio de la CMNUCC que ha demostrado una y otra vez esta funcionandor bajo los intereses de la agroindustria.

Siguiendo la peligrosa senda que la lucha contra el cambio climático tomó al adoptar los mecanismos de desarrollo limpio de Kioto para compensar las emisiones de CO2, el paradigma de la compensación se ha contagiado a las políticas de conservación. Así se ha abierto la puerta a pagar para poder destruir la biodiversidad. Una de las herramientas que ha aflorado con fuerza son lso Bancos de Hábitat, en la nueva ley de evaluación de impacto ambiental. Como su propio nombre indica los bancos de hábitat son un reservorio de hábitats donde se puede invertir económicamente para su preservación por parte de una determinada industria o práctica extractivista que suponga la destrucción de otros hábitats.Lo que se persigue en este caso es evitar la “pérdida neta de biodiversidad”. La trampa es en este caso,doble: primero, conservar o mejorar un hábitat o una especie determinada no puede servir para compensar otra distinta. Segundo, el principio de “no net loss” es perverso: en el contexto de la crisis ambiental actual no cabe aceptar que en el mejor de los casos la calidad de nuestra biodiversidad se mantenga a esos niveles sino que debemos restaurar y revertir la tendencia actual de degradación.¿Es acaso aceptable destruir hábitats o especies porque vamos a preservar otras? Es una insinuación impensable para cualquiera que se despoje de toda frivolidad economicista.

Biopiratería

Ningún nivel de la biodiversidad se escaparía de la privatización. La diversidad genética permite la plasticidad y la adaptación de las especies al entorno, y es la base de dos importantes servicios sociales: la biodiversidad como despensa farmacéutica de principios activos, y la adaptación y domesticación de variedades de plantas y animales para el ser humano adecuándose mediante selección artificial adecuándose a las condiciones ambientales. En el primer caso, principios activos y recursos farmacológicos conocidos desde hace siglos por comunidades locales tradicionales han sido finalmente esquilmados y su uso blindado mediante patentes[6] . En el segundo caso, la variabilidad genética cultivada y mantenida como semillas es cada vez más escasa fuera del monopolio de las grandes compañías del agronegocio.

Movilizaciones ciudadanas

Afortunadamente, aunque se trata de un proceso algo abstracto sí ha tenido contestación ciudadana. La invasión por parte del sector privado de los montes públicos hace tiempo que son respondidas con ocupaciones de fincas, asaltos a caminos, defensa de los territorios… Valdevaqueros, el Algarrobico, el archipiélago Canario o las vías pecuarias madrileñas han sido protagonistas de acciones de los grupos ecologistas.

Desde Río+20 hemos asistido a la formación de nuevas alianzas que se han opuesto a la mercantilización de la naturaleza y que seguirán vigilantes ante el avance de los intereses económicos de algunos para apropiarse de un patrimonio que no es propietario de nadie sino de sí mismo.


Respeto al medio ambiente y escalada

La masificación en la escalada y el escaso respeto que tienen a veces los escaladores por el medio donde se practica está empezando a tener consecuencias de prohibiciones y regulaciones por todo el mundo. Cientos de personas hacen uso de coches para ir por carreteras estrechas y precarias a zonas naturales de las montañas para aglomerarse al pie de los muros de roca. Gritos, mierdas, cleenex, coches mal aparcados, y sobre todo muchas, muchas colillas. Las zonas de los bloques que frecuentamos en La Pedriza son el mejor ejemplo de boulder-letrina.

Pero la suciedad y el pisoteo no son los únicos problemas, y casi ninguno nos lo planteamos:

Afecta a todo tipo de aves que nidifican en paredes: buitres, avión roquero, vencejos, y también murciélagos. También hemos encontrado también problemas con flora rupícola amenazada, como el caso de Petrocoptis guarensis en Alquézar, donde algunas de esas duras vías de deportiva pasan directamente por las poblaciones. Me quedo con el caso del año pasado de mi sitio, La Pedri, donde para equipar una nueva vía (ya desequipada), talaron ni más ni menos que un acebo. La vía la han desequipado los forestales, tal y como harán con otras vías que afecten a la nidificación de los buitres, según el PORN del Parque Nacional de las cumbres de Guadarrama.

La presión de tanta gente sobre el entorno y los malos comportamientos han motivado el cierre de muchas escuelas de escalada como el Barranco del Fin del Mundo, o algunos desequipamientos en La Pedri. Me da la sensación de que la masa se deja llevar por el estupor y la ira, como en el mencionado caso del romperrocas. “Qué cojones hacen esas plantas en la zona de escalada”, preguntan. Lo mismo preguntaban por la prohibición temporal de Patones. “Estábamos antes que ese bicho”, aludiendo a las aves que nidifican. Así que los carteles han aparecido arrancado o saboteados.

Me encanta escalar, pero antes que yo, está el entorno, su biodiversidad y el respeto. Parece que debo de ser de los pocos que lo antepone. Hasta en el lenguaje de los medios especializados se ha adoptado como mantra “regular sí, prohibir no”. La regulación a toda costa no es posible siempre, ni mucho menos. Si es necesario prohibir, que se prohiba.

Hacia un nuevo modelo alimentario

Leído en una conversación de twitter.

“¿Por qué será que todos los artículos que leo “No a la agricultura industrial” se olvidan de que somos 7000 millones de personas?”  “si volviéramos todos a la agricultura ecológica ya verías si eso es o no un problema ;-)” “perdón por ser pesado ¿como se puede alimentar a 7.000M con una agricultura que no da de si para tanto?”

… etc…
Pues no. Veo con frecuencia en las redes sociales y los blogs los ataque cualquier modelo alimentario a escala planetaria que contemple la agricultura ecológica. Me refiero al ambientólogo Txema Campillo (que firma los tweets más arriba) o al Dr. Mulet desde su conocido blog. No hace falta entrarles al trapo. El primero suele escribir de manera sesgada y a mi juicio desdeñosa. El segundo insulta y difama y descalifica a cualquier persona que le rebata. Es una pena, porque el Dr. Mulet es listo, razona y piensa bien lo que dice, y opina desde el conocimiento de causa. Pero para él es prioritaria la ciencia hooligan y echa su buen juicio por tierra.

En su premisa de que hay que producir más por cualquier medio, se han llevado por delante estos datos que les serían cuanto menos incómodos…

– Su defensa de los transgénicos arrastra todo hacia un modelo de grandes monocultivos, de pesticidas, de herbicidas… justo lo que el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas denuncia. Que sin biodiversidad no hay futuro, no hay servicios de la naturaleza, no hay comida igualmente. Y que la única manera de salvaguardarla que tenemos es preservando las prácticas de los pequeños campesinos. Lo dicen los artículos en revistas de impacto que he encontrado en una búsqueda en 5 minutos.

– Que no hay un problema de producción según la FAO, hay un problema de justicia social, de especulación con los alimentos, de tirar excedentes, de sobreconsumo… La OMS advierte del sobreconsumo de carne en los países ricos, con el coste en recursos que conlleva, cuánta gente podría alimentarse?.